La batalla de Lanser V

Quinta y última parte del relato escrito por Monti. En esta entrega se revela por fin el secreto que oculta la base pirata de Lanser y nos enteraremos también de algunos desagradables secretos sobre la Tierra. (1 página).

-¿Que narices es esto Richard?- Guillot quedó atónito, sin atreverse a sacar conclusiones.
-Yo diría que es un centro de mando rebelde- dijo lenta y calmadamente Richard.
-¿Rebelde? ¿De que estás hablando?- Guillot se daba cuenta de que era una de las pocas explicaciones que tenía sentido, y sin embargo se negaba a creerlo.

-Hace algo más de un año que lo sabemos; alguien está armando un ejército, suponemos que para dar un golpe de estado.-
-¡¿Un golpe de estado?! ¿Quien?-
-Sabemos positivamente que están implicados los gobiernos locales de Io, Calisto y Titán, aunque sospechamos que participa todo el Sistema Solar exterior- Steinfield estaba disfrutando de la expresión de confusión que tenía su amigo, y le hacía cada revelación en tono de obviedad, lo que hacía aumentar la confusión de Guillot.
-¿Estás seguro de lo que dices, Richard?-
-Y tan seguro. Desde hace casi dos años las patrullas están detectando cosas muy raras; por ejemplo, hace un mes el coronel Da Silva interceptó un carguero de supuestos contrabandistas que trasportaban piezas para montar diez cañones de plasma; hace también un mes el coronel Barreda capturó una base de supuestos tratantes de mineral donde había armas suficientes como para montar una guerra. En todos los casos la captura sigue el mismo patrón; inicialmente ofrecen resistencia, pero se acaban rindiendo antes de que las cosas se pongan serias de verdad, se confiesan simples contrabandistas y de sus ordenadores se saca gran cantidad de datos que corroboran su versión, pero que en cuanto los analizas un poco a fondo resultan ser falsos y, ni que decir tiene, el material que encontramos en su poder no se corresponde para nada con lo que suelen tener los contrabandistas-

-¿Y que dice el estado mayor? ¿Que están haciendo?-
-En el estado mayor el único que tiene interés es el almirante Zhao Peng; el resto están demasiado ocupados jugando al golf y presumiendo de lo importantes que son como para perder el tiempo con estas tonterías-
-Entonces, salvo por el almirante Peng, ¿El estado mayor no sabe nada?-
-Digamos mas bien que no quieren saber nada. Si haces un informe hablando del tema, lo más probable es que te caiga un expediente por dar pábulo a infundios- Steinfield se reclinó en su sillón con calma.
-¿Y el servicio secreto?- Guillot, al contrario que su amigo, se negaba a creer que el alcance de la incompetencia de sus superiores se extendiera hasta tal punto.
-¿Esos pseudohackers de pacotilla? Hace décadas que lo único que hace el servicio secreto es monitorizar las redes sociales. Solo saben atrapar a idiotas jugando a ser Che Guevara, contra una organización bien preparada y dirigida no sirven para nada-
-Entonces, ¿Que se está haciendo contra esto? -
-Ya te lo he dicho, el almirante Peng dirige la investigación por su cuenta, al margen de las autoridades, y todos los comandantes con un mínimo de sentido común le estamos ayudando- Guillot cayó sobre el sillón en el que había estado sentado hacía horas.

-Pero…- Guillot se detuvo un segundo. –Eso no puede ser cierto… ¡Tiene que haber alguien más! ¡Tienen que darse cuenta de lo que está sucediendo!-
-No, no tienen porque… no entienden los asuntos de política interplanetaria mejor que un pescatero y son mucho más arrogantes- respondió Steinfield con un suspiro. –De todos modos no debería sorprenderte, el destino de una sociedad estúpida y decadente es ser devorada por los lobos.- concluyó Steinfield con una sonrisa maliciosa.
-No me vengas con esa mierda Richard, es tu planeta, es tu gente y su vida la que está en juego-
-No sufras André, he estudiado historia y se como terminan estas cosas. No tengo intención de permitir un baño de sangre- dijo Steinfield en un tono muy serio, que no tenía nada que ver con el tono irónico que había usado hasta el momento.

Guillot no pudo evitar un suspiro de alivio; aunque hasta cierto punto le sorprendía que en este conflicto estuviera del lado de la Tierra, tenía claro que Steinfield no era idiota, que era consciente de la catástrofe que sería un conflicto interplanetario.
-Tranquilo camarada, soy un fiel servidor a la madre patria- dijo Steinfield imitando el tono de los comunistas de las películas. –De todos modos, no me negarás que todos lo hemos pensado alguna vez ¿Verdad?- Guillot asintió sin reflexionar, nunca había tenido buen concepto de los líderes terráqueos, pero nunca les había deseado nada malo. Se tranquilizaron en silencio sin que ninguno de los dos dijera nada, Guillot pensó en su familia y Steinfield recordó Sir Percival Steinfield y no pudo evitar sonreír tenuemente al imaginarle al pié de una guillotina revolucionaria.

-Entonces, ¿Que tenemos que hacer ahora?- rompió Guillot el silencio finalmente.
-Pues redactaremos dos informes. Por un lado el informe oficial para el estado mayor diciendo que hemos detenido a una banda de contrabandistas y por otro el del almirante Peng explicando la verdad- resumió Steinfield con simpleza.
-¿Y que quieres que haga yo?- Guillot seguía conmocionado por toda la conversación.
-Tú encárgate de analizar toda la información disponible, a ver si descubres algo; de los informes ya me encargo yo- concluyó Steinfield volviendo a su trabajo.

Antes de salir del despacho Guillot dirigió una mirada por encima del hombro a ese hombre orgulloso y quizás algo complicado, un hombre que sin duda se sentía más cómodo en los confines del espacio que en mitad del que fuera su hogar. André Guillot cerró la puerta y caminó por el largo pasillo de camino a la sala de informática, donde un montón de información esperaba para ser analizada con la ayuda del personal de la nave. Antes de ponerse a la tarea se acordó de una maldición que había leído en una novela… “Así vivas tiempos interesantes”. La verdad es que se acercaban tiempos muy interesantes.

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